
El ser humano no se conoce de otra forma que no sea la individual. No existe algo así como “el hombre colectivo”. Por ello, el liberalismo dirige toda su atención al individuo. El principio ético fundamental por el que se mueve un liberal es el concepto de libertad individual. Dando al hombre la libertad para dirigir sus asuntos nunca se llega a la igualdad de resultados, pero en esa disyuntiva los liberales preferimos la libertad.
Un liberal no pretende cambiar al ser humano. El hombre es como es, con sus virtudes y sus defectos y, especialmente, con su egocentrismo a cuestas. Tenemos una visión restringida del mismo, por lo que no creemos que pueda crearse un hombre nuevo, y menos por medio de la coacción estatal. No es real, por tanto, el mito del “buen salvaje”, corrompido moralmente por costumbres e instituciones que destruyen su virtud primigenia.
Los hombres son como son, con una sociedad o con otra. Sin embargo, es posible aprovechar tanto sus virtudes como sus defectos en beneficio de la sociedad. Los actos de los hombres siempre buscan un resultado intencionado, pero a su vez provocan hechos no surgidos de ningún propósito consciente. Los hombres, buscando su propio beneficio, consiguen a menudo mejorar las condiciones de vida de sus semejantes. Ese es el principio en el que se basa el libre mercado.
Esto no quiere decir que el liberal no tenga valores, sino sencillamente que esta ideología no los impone. No pretende ser una cosmovisión totalizadora, que explique todos y cada uno de los hechos que suceden en el mundo, ni pretende imponer cada detalle de la vida de aquellos que se declaran liberales. Sin embargo, es cierto que entre ellos predomina una mezcla de tolerancia y de seguimiento personal de los valores que se han demostrado más útiles para las personas y las sociedades democráticas que éstas han fundado. En general, los más tradicionales, la familia, el trabajo bien hecho, la lealtad, el compromiso, la fidelidad, etc..
Bajo el ideal de libertad y la convicción de las limitaciones del ser humano, la base de todo sistema político debe ser el respeto a esa libertad individual y la garantía de la igualdad de todos ante la ley.
Sin duda, las mayores críticas al liberalismo se centran en el liberalismo económico, también llamado capitalismo, acusado de cruel e injusto. Sin embargo, el capitalismo es una consecuencia lógica de la libertad individual. Y, al contrario que el socialismo, la teoría económica liberal no se basa en una creación de un fantástico sistema creado a partir de la nada. Se basa en la observación de las causas de la riqueza.
Hazlitt dividió las instituciones básicas de la economía capitalista en cinco, fuertemente relacionadas: propiedad privada, mercados libres, competencia, división de trabajo y cooperación social. Vamos a estudiarlas una a una, y ver su mutua dependencia.
Sin propiedad no puede haber libertad individual, pues coloca al colectivo que posee ese derecho (el Estado, la comunidad local) en posición de ejercer la mayor de las coacciones: el hambre. No es, tampoco, ninguna institución artificial, pues está imbuida en los instintos de buena parte de los mamíferos, nosotros incluidos. Además, es el mayor incentivo que existe para trabajar, como bien se ha encargado de demostrar el propio régimen soviético.
El libre mercado no es más que la libertad de cada uno de disponer e intercambiar como mejor desee su propiedad privada. Es inseparable de la propiedad privada; pues sin poder disponer de lo que es nuestro como mejor deseemos, ¿cómo podemos seguir diciendo que es nuestro? Las personas, escogiendo y consumiendo, forman a través de sus elecciones lo que se ha dado en llamar sistema de precios, que no es más que el resultado de millones de decisiones comerciales individuales.
En cualquier sistema de libre comercio las preferencias de los consumidores crean la competencia entre los productores. Éstos bajarán los precios y sus propios costes e intentarán aumentar la calidad de su producto, no de servir al público, sino de no ser echado del mercado por él y poder seguir obteniendo un beneficio. Algunos autores parecen considerar esto como una guerra despiadada entre compañías, pero es más aproximado compararlo con una pugna deportiva. De hecho, cuanto más mejora un rival en el mercado, más obliga a sus competidores a mejorar.
El recurso económico más escaso es siempre el hombre. Y para aprovechar mejor los recursos humanos está la división del trabajo. La mejora tecnológica y la existencia de dinero permiten a cada hombre realizar un trabajo más específico, compartiendo el producto del mismo con los demás, en lugar de dedicarnos todos a hacer de todo. El aumento en la productividad y la riqueza casi siempre puede estudiarse como un aumento de división de trabajo. De este modo, la agricultura y ganadería, casi la única actividad productiva durante la mayor parte de la historia de la humanidad, ahora emplea a una ínfima parte de los trabajadores en un país desarrollado. Esa fuerza de trabajo extra ha ido a parar a la creación de nuevos bienes y servicios que mejoran la vida de sus conciudadanos.
Por último, e inseparable del anterior, está la cooperación social. Es evidente que la división de trabajo no podría existir sin ella, pues ésta sólo es practicable cuando las personas pueden compartir el fruto de su trabajo. Además, permite que esa cooperación se produzca, no por el desinteresado amor hacia la humanidad que no cabe suponer en toda persona, sino por el propio interés. Esto lo hace más efectivo y realista.
En este punto, vamos a detenernos sobre el aserto inicial. ¿Es justo este sistema? Las críticas sobre él siempre se han centrado en la idea de que el propietario explota al trabajador y se queda con el producto de su trabajo. Esta idea se basa en el pensamiento de que todos deberían poseer lo mismo, en la igualdad de resultados. No obstante, dicha igualdad es incompatible con la libertad, pues obliga a un ente externo a “reasignar” recursos y repartir riqueza. Esto ataca a la misma base del sistema capitalista, la propiedad privada, y en consecuencia la productividad y la prosperidad que proporciona caen más cuanto mayor sea esa intromisión.
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